Siempre he leído que los sueños hay que perseguirlos. Y la verdad, siempre he creído
que luchar por lo que quieres es una de las libertades más preciosas que una persona
puede tener.
El verano de 2017 sólo fui una chica que fantaseaba con la posibilidad de pasear por
una ciudad como Dublín. Me enamoré del atardecer con miradas al río Liffey. Me enamoré del sueño, de la idea de poder hacerlo.¿Cuántas veces hemos escuchado eso de que la vida da muchas vueltas? ¿Cuántas veces hemos leído a Walt Disney “si puedes soñarlo, puedes hacerlo”?
Es verdad. Podemos hacer todo por lo que estemos dispuestos a luchar.
Me descubrí a mí misma paseando por las calles de Dublín. Iba muy guapa aquella
tarde. En mis auriculares sonaba “Denim Jaket” de Maroon 5, mientras cruzaba el río
Liffey dirección a Moly Malone para empezar mi tour. Lo había conseguido. Mi rutina
era ver el atardecer en el río Liffey. Pero no sólo eso, también lo vi amanecer y lo crucé
todas las noches cuando la cuidad se reflejaba en el agua.
Estaba preciosa cada vez que me ponía el micro y enseñaba mi mejor sonrisa. Cada vez
que, levantaba mi bandera y conseguía sacar sonrisas, contestar preguntas acerca de
una cuidad a la que yo también acababa de llegar. Fui valiente cada vez que
mentalmente repasaba el texto, las fechas y los datos de parada en parada, mientras,
por supuesto, no dejé de sonreír.
Lo que quiero decir, es que a veces, me hablaban y no era capaz de entender ni una
palabra. Algunos días, me montaba en el autobús de vuelta a casa, cansada de sonreír a
todo mi público cuándo lo único que quería era llorar. Volvieron a romperme el
corazón y ni si quiera pude recibir un abrazo. Nadie sabrá, nunca, cuántas lágrimas
esconden mi almohada.
Y sin embargo, sé que el río Liffey sigue precioso al atardecer.
No sé si crecer significa estar sola en una ciudad en la que no entiendes del todo bien el
idioma, haciendo un trabajo en el que tienes que aparentar felicidad todo el tiempo,
mientras alguien te rompe el corazón y tú llegas a tu casa y le cuentas a tu madre por
teléfono que el día ha sido estupendo. Pero ojalá estés leyendo esto.
Ojalá tengas (como yo) el valor de luchar por lo que quieres, y llorar. Llorar mientras
luchas o llorar hasta que sientes que no te quedan lágrimas.
Ojalá tengas el valor de seguir intentándolo aun cuando te sientas totalmente
perdido.
Ojalá luches siempre.
Porque la victoria, es mucho más preciosa que el un atardecer en el Liffey.